martes, 10 de noviembre de 2009

Mal común

Toda su vida eran prisas, correr para ir a trabajar, turnos extras, sin vacaciones, ni un solo momento de calma. Lo único que miraba más allá de sus tablas de estadísticas era el reloj que llevaba en la muñeca, adelantado unos minutos para no llegar nunca tarde a ninguna cita de trabajo. Su vida era un caos, algunos podrían pensar que su vida era sencilla pues se resumía en su trabajo, pero no lo era. Sus relaciones personales eran nulas: sus padres no le hablaban, pues él nunca se había preocupado por ellos, los que antes él considerara sus mejores amigos habían quedado muy atrás en el pasado y las pocas mujeres de su vida habían sido el polvo de una noche. Todo aquello le consumía física y psicológicamente, el trabajo no le dejaba tener relaciones sociales y la ausencia de éstas le hacían refugiarse aun más en su trabajo; pero cada día que pasaba sentía desfallecer sus fuerzas y tras varios desmayos continuos su jefe le obligó a acudir al médico, su diagnóstico: nulidad emocional, también llamado mal común.
Porque sí, es un mal común, en la sociedad actual los niños no son criados por sus padres, que demasiado ocupados con su trabajo y ganar dinero dejan la educación en manos de los abuelos y se pierden las cosas más importantes de la infancia, se tienen más comidas de trabajo que con amigos y nos preocupa más encontrar trabajo que el amor. Lejos han quedado los días donde escuchábamos a nuestros semejantes y más lejos aún cuando nos molestábamos en escucharnos a nosotros mismos. Hemos perdido el rumbo, si es que alguna vez lo tuvimos, y a eso le llaman, le llamamos progreso. Puen bien, yo te invito a volver a la Edad de Piedra, te invito a escuchar a la naturaleza y a centrarte en lo que realmente importa porque ganar dinero no te puede hacer feliz, no es una forma de vivir; disfrutar de los pequeños momentos, de los grandes placeres de la vida sí que lo hace. Carpe Diem

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